lunes, 23 de abril de 2012


EL CONFLICTO COMO MOTOR DE LA HISTORIA:
 ELEMENTOS PARA LA CONFIGURACIÓN DE UNA TEORÍA CRÍTICA POST BURGUESA SOBRE  LO PÚBLICO *


*Lizbeth Alpargatero Ulloa
Politóloga
09 de Octubre de 2008


La concepción liberal clásica sobre el Estado y la sociedad, desde la perspectiva de los historiógrafos revisionistas, no explica lo público en el contexto de las sociedades cuyo capitalismo tardío ha generado otras dinámicas alternativas a la esfera pública liberal burguesa.  

Desde esta óptica, el texto de Nancy Fraser: “Pensando de nuevo la esfera pública: una contribución a la crítica de las democracias existentes[1] recoge el concepto de esfera publica analizado por Habermas desde el enfoque liberal clásico y a partir de elementos propuestos por historiógrafos revisionistas de éste enfoque, configura un esquema argumentativo con base en el cual sostiene que: “Es necesaria una nueva forma de esfera pública, para salvar la función crítica de este espacio y para institucionalizar la democracia.[2]

Es importante el análisis de las premisas fundamentales de este texto, por cuanto nos permite entender lo social como un flujo dinámico de relaciones que a partir del conflicto generan cambios o transformaciones que en diferentes intensidades pueden dar cuenta de la profundización o no, de la democracia y de sus principios filosóficos.  Este conflicto deviene de que las sociedades post burguesas han visto configurar,  recrear y resignificar otras categorías de identificación que superan la categoría universal de clase del capitalismo moderno, reivindicando con ello nuevos derechos, espacios, instituciones, publicidades, opiniones públicas y en general discursos con base por ejemplo en la pertenencia étnica y de género, entre otras.[3]
Así las cosas, la pretensión de una esfera pública como un ente monolítico, unívoco y cohesionado bajo una misma identidad, escindido de la esfera privada (económica), y peor aún amalgamado con el Estado, en una suerte de estatización de lo público, no solamente nunca se materializó en la práctica[4], sino que además impide una comprensión real de las sociedades posmodernas multiculturales y heterogéneas de  los países que han sufrido procesos de capitalismo tardío.  

En ese contexto, se trae a colación las premisas de argumentación de Fraser y se complementan con la visión del profesor Charles Taylor sobre el discurso de la identidad, con el fin de dilucidar la relación de los argumentos de los autores con la premisa propuesta sobre la importancia de abordar el conflicto no necesariamente desde su acepción negativa de caos y desorden, sino desde la acepción positiva.

Esta última en la cual el conflicto no se puede escindir de la naturaleza humana y por extensión de la naturaleza social, sino al contrario es parte de la unidad constitutiva ontológica y social. Dicho conflicto emerge de una relación entre grupos identitarios que reivindican para si una originalidad respecto del todo. Y este hecho en si mismo implica, en términos de Taylor una falla posible entre lo que pretende ser como grupo identitario y lo que los demás están dispuestos a otorgar. Es el espacio del reconocimiento exigido, pero susceptible de ser rechazado. Este espacio es el que da lugar al discurso y a las teorías del Reconocimiento.   

Es decir, frente a la posibilidad del conflicto que surge de la relación con otro(s) en tanto diferente(s), siempre está la puerta del diálogo y la retórica como método para el reconocimiento del otro como sujeto o mejor como: <<otro significativo>>. En ese sentido, el conflicto se puede considerar  como el motor del cambio social histórico en tanto que permite avanzar en la profundización del ejercicio democrático de la deliberación, de la decisión, de la participación política, de la opinión pública y del conocimiento y reconocimiento del otro. En ese escenario, las nuevas identidades, las sociabilidades múltiples y disímiles y las varias esferas públicas se interconectan dinámicamente generando dialécticas y ampliando el concepto de esfera pública que de manera minimalista y utópica había planteado el liberalismo clásico.

En consecuencia, en el contexto post moderno ya no es posible hablar de una esfera pública, sino de múltiples esferas públicas que de manera alterna al ejercicio público del Estado, superan la acepción minimalista y dualista de la democracia (representación – participación), y plantean espacios de producción y circulación de discursos críticos, de ejercicio dialécticos de encuentro y reconocimiento y de superación de relaciones de dominación histórica, basadas en el género, la etnia, la opción sexual, entre otras.

EXPLICACIÓN ALTERNATIVA: HISTORIOGRAFÍA REVISIONISTA Y PLANTEAMIENTOS COMPLEMENTARIO DE FRASER

La historiografía revisionista cuestiona cuatro de los presupuestos centrales de la esfera pública en el sentido habermasiano frente a los cuales Fraser reacciona:[5]

a.)             “El supuesto de que los interlocutores en la esfera publica puedan poner entre paréntesis sus diferencias de posición y deliberar como si fueran socialmente iguales; el supuesto por ende de que la igualdad social no es una condición necesaria para la democracia política”

La historiografía revisionista encontró que “la interacción discursiva dentro de la esfera pública burguesa estaba gobernada por protocolos de estilo y decoro, que eran ellos mismos, correlatos y marcas de la desigualdad de condición. Estos protocolos servían informalmente para marginar a las mujeres, a las personas de color y a los miembros de las clases plebeyas.”[6]

En consecuencia se deduce que no siempre las reglas formales de la participación libre y abierta se materializan puesto que en las dinámicas culturales se encuentran impedimentos informales que condicionan la participación. Por lo tanto, Fraser observa lo siguiente “El modelo liberal de la esfera pública burguesa es inadecuado por cuanto supone que la igualdad social no es una condición necesaria para la paridad en la participación en la esfera pública”.

b.)             El supuesto de que la proliferación de múltiples públicos en competencia representa  necesariamente un paso atrás y no un avance en el camino hacia una mayor democratización y que una esfera publica única, comprehensiva, es siempre preferible a una red múltiple de públicos.

Ante este presupuesto, Fraser establece que: “En las sociedades estratificadas, los acuerdos que incluyen la confrontación entre una pluralidad de públicos en competencia, promueven mejor el ideal de la paridad en la participación  que un publico único comprehensivo y abarcante.” [7] Tal aseveración es sustentada por la autora desde la potencialidad emancipatoria que tiene la relación dialéctica entre grupos que se entrenan para realizar actividades de agitación y hasta reivindicaciones dirigidas a públicos más amplios.[8] Desde la perspectiva de Taylor, en la medida en que esos públicos más amplios los reconozcan como <<otros significativos>> se da lugar al discurso como vehículo para la formulación de acuerdos y al reconocimiento, logrando con ello transformaciones que implican otorgamiento formal de derechos en el marco de la democracia y cambios culturales que eliminen los impedimentos informales para su ejercicio, cambios de mucho más largo aliento por cuanto se requiere un proceso o si ejercicio colectivo de alfabetismo multicultural.

En suma, frente a este aspecto concluye la autora que: “La idea de una sociedad igualitaria y multicultural solo tiene sentido si suponemos la existencia de una pluralidad de espacios públicos, donde participan grupos con diversos valores y retóricas. Por definición, una sociedad semejante debe incluir una multiplicidad de públicos.” (p. 119).




c.)             El supuesto de que el discurso en el espacio público debe restringirse a la deliberación sobre el bien común y que el surgimiento de intereses privados y de asuntos privados es siempre indeseable

Nuevamente fraser reacciona afirmando que: “no existe manera de saber de antemano si el resultado de un proceso de deliberación será el descubrimiento de un bien común en el que los conflictos de intereses se evaporarán por ser meramente aparentes o si será, por el contrario, el descubrimiento de que los conflictos de intereses son reales y el bien común una quimera.” [9] En esa línea, se requiere considerar de manera más seria y crítica, ya que son clasificaciones culturales y rótulos retóricos.

“La retórica de la privacidad domestica busca excluir del debate publico algunos temas e intereses, haciendo de ellos algo personal o familiar (…) la retórica de la privacidad económica por el contrario, busca excluir del debate público algunos temas e intereses, dándoles un carácter económico; los asuntos en cuestión aquí se presentan como imperativos impersonales del mercado, como prerrogativas de la propiedad privada o como problemas técnicos propios de los administradores y planificadores, para distinguirlos de los asuntos públicos políticos.” [10] Ante esta situación la solución es aislar ciertos asuntos en espacios discursivos especializados, protegiéndolos de un debate y conformación amplia, manteniendo las relaciones de dominación.

Así las cosas: “…la eliminación de las restricciones formales a la participación en la esfera pública no basta para asegurar la inclusión en la práctica. Por el contrario incluso después de que las mujeres, las personas de color y los trabajadores han sido autorizados formalmente para participar, su participación puede ser obstaculizada por concepciones de la privacidad económica y doméstica que delimitan el alcance del debate.”[11]     
d.) El supuesto de que una esfera pública democrática operante exige una separación radical entre la sociedad civil y el Estado.

Fraser afirma que “una separación radical entre la sociedad civil (económica) y el Estado no es una condición necesaria para el buen funcionamiento de la esfera pública” Por el contrario, la perspectiva del liberalismo clásico de separación radical entre la sociedad civil y el estado promueve los públicos débiles. Estos son, públicos cuya práctica deliberativa consiste exclusivamente en la formación de opinión  y no cubre la toma de decisiones. Mas aun, el modelo liberal parece implicar que una expansión de la autoridad discursiva de dichos públicos ponen en peligro la autonomía de la opinión pública ya que dicho público, se convertiría efectivamente en el Estado y se perdería la posibilidad del control discursivo. Por su parte, la autora refiere que sólo puede considerarse como públicos fuertes  a los Parlamentos pues allí donde reside la soberanía, estos es, se general la opinión publica pero también se toman las decisiones.

Luego, cualquier concepción de la esfera pública que exija una separación radical entre la sociedad civil asociativa y el Estado será incapaz de concebir las formas de auto administración, coordinación Inter-públicos y responsabilidad política, que son esenciales para una sociedad democrática e igualitaria desde la óptica de Fraser.

Lo anterior demuestra la aseveración de Taylor sobre la radical falta de autosuficiencia del ser humano para definirse por sí mismo. Siempre se tiene que recurrir al concurso de los <<otros>> significativos para poder autodefinirnos.[12]

CONCLUSIÓN
En síntesis, la autora propone los siguientes elementos como parte constitutiva de lo que debería integrar el concepto de esfera pública desde una visión crítica y post-burguesa, superando las ya mencionadas debilidades de la visión liberal habermasiana. Estas son:

a.) Libre Acceso Paridad en la Participación e Igualdad Social: Una concepción adecuada de la esfera publica exige, no solo ponen en suspenso la desigualdad social, sino eliminarla
b.) Diversidad igualdad y públicos múltiples: Es preferible una multiplicidad de públicos a una única esfera publica
c.)  Esferas públicas, preocupaciones comunes e intereses privados: Debe propiciar la inclusión, no la exclusión de los intereses y asuntos que se habían tratado como inadmisibles
d.) Públicos fuertes, públicos débiles: sobre la sociedad civil y el Estado: Debe permitir la existencia tanto de públicos fuertes como de públicos débiles y debiera contribuir a la teorización de las relaciones entre ellos.

Adicionalmente, a estas proposiciones expone la necesidad de cuatro tareas correlativas para teoría crítica postburguesa:

a.)     Hacer visibles las maneras que la desigualdad social contamina la deliberación en el interior de los públicos en las sociedades del capitalismo tardía
b.)    Mostrar cómo afecta la desigualdad a las relaciones entre los públicos en estas mismas sociedades, de qué manera estos públicos obtienen poder o se segmentan y como algunos se ven involuntariamente subordinados a otros.
c.)     Denunciar en qué manera la rotulación de algunos asuntos e intereses como privados limita el rango de los problemas y de la aproximación a ellos.
d.)    Mostrar cómo el carácter excesivamente débil de algunas esferas publicas en las sociedades del capitalismo tardío despoja a la opinión pública de toda su fuerza práctica.

A manera de cierre, en las sociedades posmodernas, si se permite el término, o mejor post burguesas, la identidad no obedece únicamente a una identidad universal nacional, sino que cada vez más se definen, crean y recrean identidades nuevas que retan y demandan a públicos más amplios espacios para el reconocimiento y el discurso. En potencia la relación entre otros, en tanto diferentes, implica un potencial conflicto que puede resolverse de manera positiva mediante las dialécticas discursivas y prácticas de reconocimiento, generando cambios sociales que profundizan de manera formal la democracia permitiendo el acceso a la participación, a los derechos y a la opinión publica de nuevos grupos que pueden acceder en real igualdad de oportunidades, y no en condiciones meramente formales.


[1] Fraser, Nancy (1997). PENSANDO DE NUEVO LA ESFERA PÚBLICA: Una contribución a la crítica de las democracias existentes. En Iustitia Interrupta. Reflexiones desde la posición postsocialista. Nuevo pensamiento Jurídico. Siglo XXI editores. Universidad de los Andes.
[2] Ibid. p.98
[3] A este respecto la bibliografía revisionista (Autores como Landes, Ryan, Brooks- Higginbotham y Eley ) recogida por la autora plantea que: la explicación ofrecida por Habermas idealiza la esfera pública burguesa. La esfera publica oficial se basaba en un numero importante de exclusiones: por ejemplo el género: “la esfera publica republicana en Francia se construyó en oposición deliberada a aquella cultura de salón, más amistosa con las mujeres, que los republicanos condenaron por artificial, afeminada y aristocrática. Por consiguientes se promovió, un estilo nuevo, austero de expresión y comportamiento público, un estilo considerado racional virtuosos y viril” (p.101). tradiciones clásicas que oponen lo público a lo femenino. (no solo en Francia también en Inglaterra y Alemania). Las exclusiones de género estaban vinculadas a otras arraigadas en los procesos de formación de clase. El problema no es que solamente Habermas idealice la esfera pública, sino que deja de examinar otras esferas no liberales, no burguesas que compiten con ella. Por ejemplo, mujeres norteamericanas en el s. XIX de distintas clases y etnias construyeron rutas de acceso a la vida política pública a pesar de su exclusión de la esfera política oficial: asociaciones que imitaban las sociedades masculinas creadas por la padres y abuelos de las mujeres, uso creativo de los lenguajes de la domesticidad y la maternidad, hasta entonces considerado como lo privado, como trampolines para la actividad publica, papeles de apoyo a actividades de protesta de la clase trabajadora, manifestaciones callejeras y desfiles, Defensoras de los derechos de las mujeres que se opusieron a la exclusión de las mujeres de la esfera pública oficial y a la privatización de la política de género. Por ejemplo, los negros en Estados unidos: 1880-1920: excluidos no solo del sufragio sin también de la gama completa de espacios públicos discursivos e instituciones de la sociedad civil Por lo tanto construyeron una esfera pública como único espacio: la iglesia negra.  Por medio de este denunciaron el racismo norteamericano.
[4] Las razones que se exponen en el texto para explicar la razón por la cual la pretensión utópica del liberalismo clásico nunca se materializó consisten en que por un lado, la separación Estado Sociedad que servía de fundamento a una forma de discusión pública que excluía los intereses privados no se dio cuando los estratos no burgueses ganaron acceso a la esfera publica; de otro lado, la cuestión social paso a un primer plano; la sociedad se polarizó en razón de la lucha de clases y el público se fragmentó en una masa de grupos de interés en competencia. Las manifestaciones en la calles y en secreto y los acuerdos entre los intereses secciónales obtenidos a través de intermediarios, sustituyeron el debate publico racional acerca del bien común. Finalmente con el surgimiento del Estado Benefactor, la sociedad y el Estado se imbricaron; la publicidad en el sentido del examen crítico fue reemplazada por las relaciones públicas, las exhibiciones escenificadas por los medios masivos de comunicación y la manufactura y manipulación de la opinión pública.

[5] Ibid. P. 107
[6] Ibid. P.  109
[7] Ibid. p.114
[8] “El punto es que en las sociedades estratificadas, los contra públicos subalternos tienen un doble carácter. Por un lado, funcionan como espacios de retiro y reagrupamiento y por otro funcionan también como campos de entrenamiento para actividades de agitación dirigidas a públicos mas amplios.” (p. 117)
[9] Ibid, p.125
[10] Ibid. p.126
[11] Ibid.  p.127
[12] Taylor, Charles. Identidad y reconocimiento en Revista Internacional de Filosofía Política # 7. p. 13

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