EL CONFLICTO COMO MOTOR DE LA HISTORIA :
ELEMENTOS PARA LA CONFIGURACIÓN DE
UNA TEORÍA CRÍTICA POST BURGUESA SOBRE
LO PÚBLICO *
*Lizbeth Alpargatero Ulloa
Politóloga
09 de Octubre de 2008
La
concepción liberal clásica sobre el Estado y la sociedad, desde la perspectiva
de los historiógrafos revisionistas, no explica lo público en el contexto de
las sociedades cuyo capitalismo tardío ha generado otras dinámicas alternativas
a la esfera pública liberal burguesa.
Desde
esta óptica, el texto de Nancy Fraser: “Pensando
de nuevo la esfera pública: una contribución a la crítica de las democracias
existentes”[1]
recoge el concepto de esfera publica analizado por Habermas desde el enfoque
liberal clásico y a partir de elementos propuestos por historiógrafos
revisionistas de éste enfoque, configura un esquema argumentativo con base en
el cual sostiene que: “Es necesaria una
nueva forma de esfera pública, para salvar la función crítica de este espacio y
para institucionalizar la democracia.” [2]
Es
importante el análisis de las premisas fundamentales de este texto, por cuanto
nos permite entender lo social como un flujo dinámico de relaciones que a
partir del conflicto generan cambios o transformaciones que en diferentes
intensidades pueden dar cuenta de la profundización o no, de la democracia y de
sus principios filosóficos. Este
conflicto deviene de que las sociedades post burguesas han visto configurar, recrear y resignificar otras categorías de
identificación que superan la categoría universal de clase del capitalismo
moderno, reivindicando con ello nuevos derechos, espacios, instituciones,
publicidades, opiniones públicas y en general discursos con base por ejemplo en
la pertenencia étnica y de género, entre otras.[3]
Así
las cosas, la pretensión de una esfera pública como un ente monolítico, unívoco
y cohesionado bajo una misma identidad, escindido de la esfera privada
(económica), y peor aún amalgamado con el Estado, en una suerte de estatización
de lo público, no solamente nunca se materializó en la práctica[4],
sino que además impide una comprensión real de las sociedades posmodernas multiculturales
y heterogéneas de los países que han
sufrido procesos de capitalismo tardío.
En ese
contexto, se trae a colación las premisas de argumentación de Fraser y se
complementan con la visión del profesor Charles Taylor sobre el discurso de la
identidad, con el fin de dilucidar la relación de los argumentos de los autores
con la premisa propuesta sobre la importancia de abordar el conflicto no
necesariamente desde su acepción negativa de caos y desorden, sino desde la
acepción positiva.
Esta
última en la cual el conflicto no se puede escindir de la naturaleza humana y
por extensión de la naturaleza social, sino al contrario es parte de la unidad
constitutiva ontológica y social. Dicho conflicto emerge de una relación entre
grupos identitarios que reivindican para si una originalidad respecto del todo.
Y este hecho en si mismo implica, en términos de Taylor una falla posible entre
lo que pretende ser como grupo identitario y lo que los demás están dispuestos
a otorgar. Es el espacio del reconocimiento exigido, pero susceptible de ser
rechazado. Este espacio es el que da lugar al discurso y a las teorías del
Reconocimiento.
Es
decir, frente a la posibilidad del conflicto que surge de la relación con
otro(s) en tanto diferente(s), siempre está la puerta del diálogo y la retórica
como método para el reconocimiento del otro como sujeto o mejor como:
<<otro significativo>>. En ese sentido, el conflicto se puede considerar como el motor del cambio social histórico en tanto
que permite avanzar en la profundización del ejercicio democrático de la
deliberación, de la decisión, de la participación política, de la opinión
pública y del conocimiento y reconocimiento del otro. En ese escenario, las
nuevas identidades, las sociabilidades múltiples y disímiles y las varias esferas
públicas se interconectan dinámicamente generando dialécticas y ampliando el
concepto de esfera pública que de manera minimalista y utópica había planteado
el liberalismo clásico.
En
consecuencia, en el contexto post moderno ya no es posible hablar de una esfera
pública, sino de múltiples esferas públicas que de manera alterna al ejercicio
público del Estado, superan la acepción minimalista y dualista de la democracia
(representación – participación), y plantean espacios de producción y
circulación de discursos críticos, de ejercicio dialécticos de encuentro y
reconocimiento y de superación de relaciones de dominación histórica, basadas
en el género, la etnia, la opción sexual, entre otras.
EXPLICACIÓN ALTERNATIVA: HISTORIOGRAFÍA REVISIONISTA Y
PLANTEAMIENTOS COMPLEMENTARIO DE FRASER
La
historiografía revisionista cuestiona cuatro de los presupuestos centrales de
la esfera pública en el sentido habermasiano frente a los cuales Fraser
reacciona:[5]
a.)
“El supuesto de que los interlocutores en la esfera publica puedan poner
entre paréntesis sus diferencias de posición y deliberar como si fueran
socialmente iguales; el supuesto por ende de que la igualdad social no es una
condición necesaria para la democracia política”
La
historiografía revisionista encontró que “la interacción discursiva dentro de
la esfera pública burguesa estaba gobernada por protocolos de estilo y decoro,
que eran ellos mismos, correlatos y marcas de la desigualdad de condición.
Estos protocolos servían informalmente para marginar a las mujeres, a las
personas de color y a los miembros de las clases plebeyas.”[6]
En
consecuencia se deduce que no siempre las reglas formales de la participación
libre y abierta se materializan puesto que en las dinámicas culturales se
encuentran impedimentos informales que condicionan la participación. Por lo
tanto, Fraser observa lo siguiente “El modelo liberal de la esfera pública
burguesa es inadecuado por cuanto supone que la igualdad social no es una
condición necesaria para la paridad en la participación en la esfera pública”.
b.)
El supuesto de que la proliferación de múltiples públicos en competencia
representa necesariamente un paso atrás
y no un avance en el camino hacia una mayor democratización y que una esfera
publica única, comprehensiva, es siempre preferible a una red múltiple de
públicos.
Ante
este presupuesto, Fraser establece que: “En las sociedades estratificadas, los
acuerdos que incluyen la confrontación entre una pluralidad de públicos en
competencia, promueven mejor el ideal de la paridad en la participación que un publico único comprehensivo y
abarcante.” [7]
Tal aseveración es sustentada por la autora desde la potencialidad emancipatoria
que tiene la relación dialéctica entre grupos que se entrenan para realizar
actividades de agitación y hasta reivindicaciones dirigidas a públicos más
amplios.[8]
Desde la perspectiva de Taylor, en la medida en que esos públicos más amplios
los reconozcan como <<otros significativos>> se da lugar al
discurso como vehículo para la formulación de acuerdos y al reconocimiento,
logrando con ello transformaciones que implican otorgamiento formal de derechos
en el marco de la democracia y cambios culturales que eliminen los impedimentos
informales para su ejercicio, cambios de mucho más largo aliento por cuanto se
requiere un proceso o si ejercicio colectivo de alfabetismo multicultural.
En
suma, frente a este aspecto concluye la autora que: “La idea de una sociedad
igualitaria y multicultural solo tiene sentido si suponemos la existencia de
una pluralidad de espacios públicos, donde participan grupos con diversos
valores y retóricas. Por definición, una sociedad semejante debe incluir una
multiplicidad de públicos.” (p. 119).
c.)
El supuesto de que el discurso en el espacio público debe restringirse a
la deliberación sobre el bien común y que el surgimiento de intereses privados
y de asuntos privados es siempre indeseable
Nuevamente
fraser reacciona afirmando que: “no existe manera de saber de antemano si el
resultado de un proceso de deliberación será el descubrimiento de un bien común
en el que los conflictos de intereses se evaporarán por ser meramente aparentes
o si será, por el contrario, el descubrimiento de que los conflictos de
intereses son reales y el bien común una quimera.” [9]
En esa línea, se requiere considerar de manera más seria y crítica, ya que son
clasificaciones culturales y rótulos retóricos.
“La
retórica de la privacidad domestica busca excluir del debate publico algunos
temas e intereses, haciendo de ellos algo personal o familiar (…) la retórica
de la privacidad económica por el contrario, busca excluir del debate público
algunos temas e intereses, dándoles un carácter económico; los asuntos en
cuestión aquí se presentan como imperativos impersonales del mercado, como
prerrogativas de la propiedad privada o como problemas técnicos propios de los
administradores y planificadores, para distinguirlos de los asuntos públicos
políticos.” [10]
Ante esta situación la solución es aislar ciertos asuntos en espacios
discursivos especializados, protegiéndolos de un debate y conformación amplia,
manteniendo las relaciones de dominación.
Así
las cosas: “…la eliminación de las restricciones formales a la participación en
la esfera pública no basta para asegurar la inclusión en la práctica. Por el
contrario incluso después de que las mujeres, las personas de color y los
trabajadores han sido autorizados formalmente para participar, su participación
puede ser obstaculizada por concepciones de la privacidad económica y doméstica
que delimitan el alcance del debate.”[11]
d.) El supuesto de que
una esfera pública democrática operante exige una separación radical entre la
sociedad civil y el Estado.
Fraser
afirma que “una separación radical entre la sociedad civil (económica) y el
Estado no es una condición necesaria para el buen funcionamiento de la esfera
pública” Por el contrario, la perspectiva del liberalismo clásico de separación
radical entre la sociedad civil y el estado promueve los públicos débiles. Estos son, públicos cuya práctica deliberativa
consiste exclusivamente en la formación de opinión y no cubre la toma de decisiones. Mas aun, el
modelo liberal parece implicar que una expansión de la autoridad discursiva de
dichos públicos ponen en peligro la autonomía de la opinión pública ya que
dicho público, se convertiría efectivamente en el Estado y se perdería la
posibilidad del control discursivo. Por su parte, la autora refiere que sólo
puede considerarse como públicos fuertes a los Parlamentos pues allí donde reside la
soberanía, estos es, se general la opinión publica pero también se toman las
decisiones.
Luego,
cualquier concepción de la esfera pública que exija una separación radical
entre la sociedad civil asociativa y el Estado será incapaz de concebir las
formas de auto administración, coordinación Inter-públicos y responsabilidad
política, que son esenciales para una sociedad democrática e igualitaria desde
la óptica de Fraser.
Lo
anterior demuestra la aseveración de Taylor sobre la radical falta de
autosuficiencia del ser humano para definirse por sí mismo. Siempre se tiene
que recurrir al concurso de los <<otros>> significativos para poder
autodefinirnos.[12]
CONCLUSIÓN
En
síntesis, la autora propone los siguientes elementos como parte constitutiva de
lo que debería integrar el concepto de esfera pública desde una visión crítica
y post-burguesa, superando las ya mencionadas debilidades de la visión liberal
habermasiana. Estas son:
a.) Libre
Acceso Paridad en la
Participación e Igualdad Social: Una concepción adecuada de
la esfera publica exige, no solo ponen en suspenso la desigualdad social, sino
eliminarla
b.) Diversidad
igualdad y públicos múltiples: Es preferible una multiplicidad de públicos a
una única esfera publica
c.) Esferas
públicas, preocupaciones comunes e intereses privados: Debe propiciar la
inclusión, no la exclusión de los intereses y asuntos que se habían tratado
como inadmisibles
d.) Públicos
fuertes, públicos débiles: sobre la sociedad civil y el Estado: Debe permitir
la existencia tanto de públicos fuertes como de públicos débiles y debiera
contribuir a la teorización de las relaciones entre ellos.
Adicionalmente,
a estas proposiciones expone la necesidad de cuatro tareas correlativas para teoría
crítica postburguesa:
a.) Hacer
visibles las maneras que la desigualdad social contamina la deliberación en el
interior de los públicos en las sociedades del capitalismo tardía
b.) Mostrar
cómo afecta la desigualdad a las relaciones entre los públicos en estas mismas
sociedades, de qué manera estos públicos obtienen poder o se segmentan y como
algunos se ven involuntariamente subordinados a otros.
c.) Denunciar
en qué manera la rotulación de algunos asuntos e intereses como privados limita
el rango de los problemas y de la aproximación a ellos.
d.) Mostrar
cómo el carácter excesivamente débil de algunas esferas publicas en las
sociedades del capitalismo tardío despoja a la opinión pública de toda su
fuerza práctica.
A manera de cierre, en las sociedades posmodernas, si se permite el
término, o mejor post burguesas, la identidad no obedece únicamente a una
identidad universal nacional, sino que cada vez más se definen, crean y recrean
identidades nuevas que retan y demandan a públicos más amplios espacios para el
reconocimiento y el discurso. En potencia la relación entre otros, en tanto
diferentes, implica un potencial conflicto que puede resolverse de manera
positiva mediante las dialécticas discursivas y prácticas de reconocimiento,
generando cambios sociales que profundizan de manera formal la democracia
permitiendo el acceso a la participación, a los derechos y a la opinión publica
de nuevos grupos que pueden acceder en real igualdad de oportunidades, y no en
condiciones meramente formales.
[1]
Fraser, Nancy (1997). PENSANDO DE NUEVO LA ESFERA PÚBLICA : Una
contribución a la crítica de las democracias existentes. En Iustitia
Interrupta. Reflexiones desde la posición postsocialista. Nuevo pensamiento
Jurídico. Siglo XXI editores. Universidad de los Andes.
[3] A
este respecto la bibliografía revisionista (Autores como
Landes, Ryan, Brooks- Higginbotham y Eley ) recogida por la autora plantea
que: la explicación ofrecida por Habermas idealiza la
esfera pública burguesa. La esfera publica oficial se basaba en un numero
importante de exclusiones: por ejemplo el género: “la esfera publica
republicana en Francia se construyó en oposición deliberada a aquella cultura
de salón, más amistosa con las mujeres, que los republicanos condenaron por
artificial, afeminada y aristocrática. Por consiguientes se promovió, un estilo
nuevo, austero de expresión y comportamiento público, un estilo considerado
racional virtuosos y viril” (p.101). tradiciones clásicas que oponen lo público
a lo femenino. (no solo en Francia también en Inglaterra y Alemania). Las
exclusiones de género estaban vinculadas a otras arraigadas en los procesos de
formación de clase. El problema no es que solamente Habermas idealice la esfera
pública, sino que deja de examinar otras esferas no liberales, no burguesas que
compiten con ella. Por ejemplo, mujeres norteamericanas en el s. XIX de
distintas clases y etnias construyeron rutas de acceso a la vida política
pública a pesar de su exclusión de la esfera política oficial: asociaciones que
imitaban las sociedades masculinas creadas por la padres y abuelos de las
mujeres, uso creativo de los lenguajes de la domesticidad y la maternidad,
hasta entonces considerado como lo privado, como trampolines para la actividad
publica, papeles de apoyo a actividades de protesta de la clase trabajadora,
manifestaciones callejeras y desfiles, Defensoras de los derechos de las
mujeres que se opusieron a la exclusión de las mujeres de la esfera pública
oficial y a la privatización de la política de género. Por ejemplo, los negros
en Estados unidos: 1880-1920: excluidos no solo del sufragio sin también de la
gama completa de espacios públicos discursivos e instituciones de la sociedad
civil Por lo tanto construyeron una esfera pública como único espacio: la
iglesia negra. Por medio de este
denunciaron el racismo norteamericano.
[4] Las
razones que se exponen en el texto para explicar la razón por la cual la
pretensión utópica del liberalismo clásico nunca se materializó consisten en
que por un lado, la separación Estado Sociedad que servía de fundamento
a una forma de discusión pública que excluía los intereses privados no se dio
cuando los estratos no burgueses ganaron acceso a la esfera publica; de otro
lado, la cuestión social paso a un primer plano; la sociedad se polarizó en
razón de la lucha de clases y el público se fragmentó en una masa de grupos de
interés en competencia. Las manifestaciones en la calles y en secreto y los
acuerdos entre los intereses secciónales obtenidos a través de intermediarios,
sustituyeron el debate publico racional acerca del bien común. Finalmente con
el surgimiento del Estado Benefactor, la sociedad y el Estado se imbricaron; la
publicidad en el sentido del examen crítico fue reemplazada por las relaciones
públicas, las exhibiciones escenificadas por los medios masivos de comunicación
y la manufactura y manipulación de la opinión pública.
[8] “El punto es que en las sociedades estratificadas, los
contra públicos subalternos tienen un doble carácter. Por un lado, funcionan
como espacios de retiro y reagrupamiento y por otro funcionan también como
campos de entrenamiento para actividades de agitación dirigidas a públicos mas
amplios.” (p. 117)
[12] Taylor, Charles. Identidad y
reconocimiento en Revista Internacional de Filosofía Política # 7. p.
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