lunes, 23 de abril de 2012


A propósito de "El sublime objeto de la Ideología". SLAVOJ ZIZEK. Siglo XXI editores. 1992. pág 11-86


Cita textual.  “La ideología no es una ilusión tipo sueño que construimos para huir de la insoportable realidad; en su dimensión básica es una construcción de la fantasía que funge de soporte a  nuestra “realidad”: una “ilusión” que estructura nuestras relaciones sociales  efectivas, reales y por ello encubre un núcleo insoportable, real, imposible (conceptualizado por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe como antagonismo: una división social traumática que no se puede simbolizar). La función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real.” Parte Primera el Síntoma Página. 76..


Zizek presenta al psicoanálisis Lacaniano como la única teoría psicológica que contiene una noción del sujeto[1] compatible con la noción que plantea el materialismo histórico de Marx. El Psicoanálisis  parte del concepto de “sujeto” para entender la configuración del concepto de ideología en el contexto histórico de la modernidad en las sociedades capitalistas. Tanto en el Psicioanálisis como en el materialismo histórico la interpretación se convierte en elemento fundamental para la comprensión del fenómeno político.

Uno de los principales planteamientos del psicoanálisis consiste en que el sujeto se encuentra escindido: el sujeto es el sujeto de una falta. Significa que afronta una contradicción interna que se manifiesta en alguna medida pero que es castrada. En relación con los sujetos individuales, esto es el ser humano, a través de los sueños se expresan un contenido manifiesto, un contenido latente y contenido articulado al deseo, que solo a través del ejercicio interpretativo develan la contradicción interna que se ha ocultado bajo la nominación de un sujeto como identidad aparentemente unívoca. Estas contradicciones en el individuo llegan a generar comportamientos o enfermedades de tipo psicológico o psiquiátrico (neurosis), presentando “síntomas”, cuya   “medicina” para su curación solo se puede encontrar en el trabajo con métodos como los planteados por Freud (Hipnotismo, cura analítica) basados en la teoría del Inconsciente.[2]  Esta misma argumentación es compatible con el materialismo histórico según el cual el capitalismo se erige sobre un sujeto, esta vez ya no individual sino colectivo que corresponde al Estado capitalista, afrontando una contradicción o mejor aun una escisión del sujeto: Estado y Sociedad Civil. Estos conceptos se interpretan a la luz no solamente de su significado nominal o literal sino a través del análisis de los elementos que configuran la construcción de significados que de ellos se hace y del significante latente o no explícito castrado. En otras palabras, así como en los sueños yace un mensaje reprimido que para su cura requiere interpretarse en el capitalismo yace un mensaje reprimido que explica el síntoma  que aflora ante la contundencia de la contradicción y que para “curarse” requiere de deconstruirse- o reconocerse como tal, ya que en palabras del autor no es posible resolver ninguna cuestión en particular sin resolver la cuestión fundamental que plasma el carácter antagónico de la totalidad social.

Ahora bien, al no aceptar la contradicción interna de toda identidad se corre el riesgo del totalitarismo en virtud del cual se han realizado y legitimado toda una serie de conductas denigrantes de la dignidad humana enalteciendo valores supuestamente universales y obligando al resto a asumirlos como propios y como única verdad absoluta. Zizek en el marco de estas premisas no solamente introduce los conceptos del psicoanálisis sino que reactualiza la dialéctica Hegeliana con dichos conceptos con el fin de demostrar que no existe una solución final que la tesis y la antítesis son partes constitutivas del sujeto como ente genérico.[3] 

Según estos argumentos, la ideología entonces también se encuentra incompleta. Aparenta representar valores universales y absolutos pero estos no son más que una ilusión de la realidad y esto es lo que se presenta en el texto como síntoma. Desde la perspectiva de Lacan señala Zizek, Marx inventó el síntoma detectando una asimetría que desmiente el universalismo de los derechos y deberes burgueses. El valor universal ideológico capitalista que aduce que el intercambio es equivalente y equitativo y en particular el intercambio de fuerza de trabajo por salarios es justo y enaltece la libertad, contrasta con la realidad que manifiesta la explotación y con ello la enajenación del ser humano en el esquema de producción capitalista.  Ante esta contradicción el socialismo utópico  ofrece una posibilidad de universalidad sin su síntoma. Para Marx, el elemento irracional de la sociedad era el proletariado, es decir la sin razón de la razón misma.[4] Lo anterior significa que la razón la constituye el sistema de producción capitalista y el proletariado es la sin razón producto de esta misma razón.

Afirma el autor que “la ideología no es simplemente una falsa conciencia, una representaron ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad a la que ya se ha de concebir como ideológica”. Ideológica es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia, es decir la efectividad social, cuya misma reproducción implica que los individuos no sepan lo que están haciendo. Ideológica no es la falsa conciencia de un ser social sino este ser en la medida en que está soportado por la falsa conciencia.” (P. 47) A partir de esta comprensión de la ideología como una realidad que se conoce de manera incompleta Zizek define el Síntoma justamente como una formación cuya consistencia implica un cierto no conocimiento por parte del sujeto: el sujeto puede gozar su síntoma solo en la medida en que su lógica se le escapa y la medida de éxito de la interpretación de esa lógica es precisamente la disolución del síntoma.

Con el capitalismo el lugar del fetichismo ha virado simplemente de las relaciones intersubjetivas a las relaciones entre cosas. En otras palabras la relación ya no se sustenta únicamente entre sujetos (relaciones interpersonales) sino entre objetos que en el capitalismo son los que se constituyen en los medios y objetos de producción.[5] En este lapso la ideología ya no se concibe solamente como la falsa conciencia sino que transita a lo que en el texto se denomina una falsa conciencia ilustrada: la razón cínica. “Ellos saben muy bien lo que hacen pero aun lo hacen”. En ese orden de ideas, el nivel fundamental de la ideología, no es el de una ilusión que enmascare  el estado real de las cosas sino el de una fantasía (inconsciente) que proyecta y define nuestra propia realidad social. [6]

En conclusión la ideología no es una ilusión para escapar a la realidad; en su dimensión esencial es una construcción de la fantasía (fetiche) que funciona de soporte a  nuestra “realidad”.  Dicha fantasía estructura nuestras relaciones sociales  efectivas, reales y por ello encubre un núcleo insoportable, real, imposible que es una división social traumática que no se puede simbolizar. De esta manera, se invierte el análisis y la función de la ideología ya no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real.

Recogiendo, el sujeto no es simplemente un mero hecho nominal[7] (asignación de un nombre a un sujeto pre-constituido) sino que se configura a partir de la construcción discursiva que de este se haga. Con la modernidad la construcción cultural del sujeto, no solamente individual sino colectivo, se planteó a partir de una contradicción interna  que era aparentemente superada por la racionalidad y por lo que en su momento Kant denominó los principios categóricos de la Razón.  Bajo este presupuesto se proyectó, la unidad de sujeto colectivo conocido en la antigüedad como comunidad política hacia la escisión del sujeto en Estado y sociedad civil en el marco de un desarrollo histórico capitalista y en el terreno individual una división entre el yo y el ello, entre la conciencia y el inconsciente.

 

Estos conceptos en la actualidad tienen una trascendencia en el análisis político de las sociedades capitalistas globalizadas, las cuales están enmarcadas dentro de una lógica de administración total que entrelíneas dejan ver los elementos de un totalitarismo postmoderno sustentado en la negación de la contradicción. Lo paradójico de la administración total es que plantea de antemano el problema de lo colectivo y lo subjetivo, que resuelven con la universalización e imposición de valores occidentales. El sujeto entonces aun conociendo su papel en sistema capitalista lo mantiene y simplemente crea un fetiche de consumo una fantasía que le permita paliar el síntoma de la contradicción interna. Sin embargo, con las nuevas tecnologías de poder este individuo aun sabiendo, aun conociendo, cada vez más está expuesto a formas sutiles de imposición ideológica que alejan cada vez más la fuerza física para el cumplimiento de su cometido. Y en esto los medios de comunicación juegan un papel fundamental en el inconsciente individual y colectivo.



[1]    Para el análisis del concepto de sujeto se recogen los conceptos planteados por Habermas, Foucault, Althueser y Lacan. Para el primero de ello el sujeto se entiende a partir de la ética de la comunicación, la versión filosófica del lenguaje del antiguo sujeto de la reflexión trascendental. Para Foucault radica en la estetización de la ética, cada sujeto ha de construir su propio modo de autodominio y armonizar los antagonismos de su interior. Para Althuser el sujeto como tal se constituye por medio de un reconocimiento falso: el proceso de interpretación ideológica por medio del cual el sujeto se reconoce  como el destinatario del llamamiento de la  causa ideológica implica necesariamente un cortocircuito…En contraste con esta ética de la enajenación en lo simbólico, podríamos designar a la ética que implica el psicoanálisis lacaniano  como la de la separación. Ver introducción. p. 24-25
[2]              El sueño esta compuesto por tres partes:  El texto del sueño manifiesto, el contenido del sueño latente y el deseo inconsciente articulado al sueño.
[3]              La dialéctica Hegeliana lejos de ser una historia de superación progresiva, es una anotación sistemática del fracaso de la solución final. El conocimiento absoluto denota una posición subjetiva que finalmente acepta la contradicción como condición interna de toda identidad. ver p. 29.
[4]              Para el marxismo el interés de una clase se disfraza universal y eterno de la condición humana y la meta de la critica de la ideología es denunciar esta falsa universalidad, detectar tras el hombre en general al individuo burgués, tras los derechos universales del hombre la forma que hace posible la explotación capitalista, tras la familia nuclear la forma limitada de relación
[5]              Las relaciones sociales cruciales las de producción ya nos son inmediatamente transparentes en la forma de las relaciones interpersonales de dominio y esclavitud (Amo y sus siervos) sino que se disfrazan – para valernos de la precisa fórmula de Marx- “bajo la forma de relaciones sociales entre cosas, entre los productos de trabajo” P. 53.
[6] En el marxismo, un fetiche oculta la red positiva de relaciones sociales en tanto que para Freud, un fetiche oculta la falta (castración) en torno a la cual se articula la red simbólica. 81
[7]    En el prefacio realizado por Ernesto Laclau. Se explican dos corrientes que en el análisis político conviene tener en cuenta para entender el concepto de sujeto. Los descriptivistas y los anti descriptivistas. “La contienda entre descriptivistas y antidescriptivistas gira en torno a la pregunta de cómo los nombres se refieren a los objetos. Según los descriptivistas el vínculo es el resultado del significado de un nombre, es decir, cada nombre implica un cúmulo de rasgos descriptivos y se refiere a aquellos objetos en el mundo real que exhiben esos rasgos. Para los antidescriptivistas  por  otra parte, el nombre se refiere al objeto por medio de lo que ellos llaman un “bautismo primigenio, en el que el nombre sigue refriéndose a ese objeto aun cuando todos los rasgos descriptivos  del objeto en el momento de su bautismo hayan desaparecido. Al igual que yo Zizek está del lado de los antidescriptivistas”.   (p.16) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario