A propósito de "El sublime objeto de la
Ideología". SLAVOJ ZIZEK. Siglo XXI editores. 1992. pág 11-86
Cita
textual. “La ideología no es una ilusión tipo sueño que construimos
para huir de la insoportable realidad; en su dimensión básica es una
construcción de la fantasía que funge de soporte a nuestra “realidad”: una “ilusión” que
estructura nuestras relaciones sociales
efectivas, reales y por ello encubre un núcleo insoportable, real,
imposible (conceptualizado por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe como
antagonismo: una división social traumática que no se puede simbolizar). La
función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad,
sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo
traumático, real.” Parte Primera el Síntoma Página. 76..
Zizek presenta al psicoanálisis Lacaniano como la
única teoría psicológica que contiene una noción del sujeto[1]
compatible con la noción que plantea el materialismo histórico de Marx. El
Psicoanálisis parte del concepto de
“sujeto” para entender la configuración del concepto de ideología en el
contexto histórico de la modernidad en las sociedades capitalistas. Tanto en el
Psicioanálisis como en el materialismo histórico la interpretación se convierte
en elemento fundamental para la comprensión del fenómeno político.
Uno de los principales planteamientos del
psicoanálisis consiste en que el sujeto se encuentra escindido: el sujeto es el
sujeto de una falta. Significa que afronta una contradicción interna que se
manifiesta en alguna medida pero que es castrada. En relación con los sujetos
individuales, esto es el ser humano, a través de los sueños se expresan un
contenido manifiesto, un contenido latente y contenido articulado al deseo, que
solo a través del ejercicio interpretativo develan la contradicción interna que
se ha ocultado bajo la nominación de un sujeto como identidad aparentemente
unívoca. Estas contradicciones en el individuo llegan a generar comportamientos
o enfermedades de tipo psicológico o psiquiátrico (neurosis), presentando
“síntomas”, cuya “medicina” para su
curación solo se puede encontrar en el trabajo con métodos como los planteados
por Freud (Hipnotismo, cura analítica) basados en la teoría del Inconsciente.[2]
Esta misma argumentación es compatible
con el materialismo histórico según el cual el capitalismo se erige sobre un
sujeto, esta vez ya no individual sino colectivo que corresponde al Estado
capitalista, afrontando una contradicción o mejor aun una escisión del sujeto:
Estado y Sociedad Civil. Estos conceptos se interpretan a la luz no solamente
de su significado nominal o literal sino a través del análisis de los elementos
que configuran la construcción de significados que de ellos se hace y del
significante latente o no explícito castrado. En otras palabras, así como en
los sueños yace un mensaje reprimido que para su cura requiere interpretarse en
el capitalismo yace un mensaje reprimido que explica el síntoma que aflora ante la contundencia de la
contradicción y que para “curarse” requiere de deconstruirse- o reconocerse
como tal, ya que en palabras del autor no es posible resolver ninguna cuestión
en particular sin resolver la cuestión fundamental que plasma el carácter
antagónico de la totalidad social.
Ahora bien, al no aceptar la contradicción interna de
toda identidad se corre el riesgo del totalitarismo en virtud del cual se han
realizado y legitimado toda una serie de conductas denigrantes de la dignidad
humana enalteciendo valores supuestamente universales y obligando al resto a
asumirlos como propios y como única verdad absoluta. Zizek en el marco de estas
premisas no solamente introduce los conceptos del psicoanálisis sino que
reactualiza la dialéctica Hegeliana con dichos conceptos con el fin de
demostrar que no existe una solución final que la tesis y la antítesis son
partes constitutivas del sujeto como ente genérico.[3]
Según estos argumentos, la ideología entonces también
se encuentra incompleta. Aparenta representar valores universales y absolutos
pero estos no son más que una ilusión de la realidad y esto es lo que se
presenta en el texto como síntoma. Desde la perspectiva de Lacan señala Zizek,
Marx inventó el síntoma detectando una asimetría que desmiente el universalismo
de los derechos y deberes burgueses. El valor universal ideológico capitalista
que aduce que el intercambio es equivalente y equitativo y en particular el
intercambio de fuerza de trabajo por salarios es justo y enaltece la libertad,
contrasta con la realidad que manifiesta la explotación y con ello la
enajenación del ser humano en el esquema de producción capitalista. Ante esta contradicción el socialismo
utópico ofrece una posibilidad de universalidad
sin su síntoma. Para Marx, el elemento irracional de la sociedad era el
proletariado, es decir la sin razón de la razón misma.[4]
Lo anterior significa que la razón la constituye el sistema de producción
capitalista y el proletariado es la sin razón producto de esta misma razón.
Afirma el autor que “la ideología no es simplemente una falsa conciencia, una representaron
ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad a la que ya se ha de
concebir como ideológica”. Ideológica es una realidad social cuya existencia
implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su
esencia, es decir la efectividad social, cuya misma reproducción implica que
los individuos no sepan lo que están haciendo. Ideológica no es la falsa
conciencia de un ser social sino este ser en la medida en que está soportado
por la falsa conciencia.” (P. 47) A partir de esta comprensión de la
ideología como una realidad que se conoce de manera incompleta Zizek define el
Síntoma justamente como una formación cuya consistencia implica un cierto no
conocimiento por parte del sujeto: el sujeto puede gozar su síntoma solo en la
medida en que su lógica se le escapa y la medida de éxito de la interpretación
de esa lógica es precisamente la disolución del síntoma.
Con el capitalismo el lugar del fetichismo ha virado
simplemente de las relaciones intersubjetivas a las relaciones entre cosas. En
otras palabras la relación ya no se sustenta únicamente entre sujetos
(relaciones interpersonales) sino entre objetos que en el capitalismo son los
que se constituyen en los medios y objetos de producción.[5]
En este lapso la ideología ya no se concibe solamente como la falsa conciencia
sino que transita a lo que en el texto se denomina una falsa conciencia
ilustrada: la razón cínica. “Ellos saben muy bien lo que hacen pero aun lo
hacen”. En ese orden de ideas, el nivel fundamental de la ideología, no es el
de una ilusión que enmascare el estado
real de las cosas sino el de una fantasía (inconsciente) que proyecta y define
nuestra propia realidad social. [6]
En conclusión la ideología
no es una ilusión para escapar a la realidad; en su dimensión esencial es una
construcción de la fantasía (fetiche) que funciona de soporte a nuestra “realidad”. Dicha fantasía estructura nuestras relaciones
sociales efectivas, reales y por ello
encubre un núcleo insoportable, real, imposible que es una división social
traumática que no se puede simbolizar. De esta manera, se invierte el análisis
y la función de la ideología ya no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra
realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún
núcleo traumático, real.
Recogiendo, el sujeto no
es simplemente un mero hecho nominal[7]
(asignación de un nombre a un sujeto pre-constituido) sino que se configura a
partir de la construcción discursiva que de este se haga. Con la modernidad la
construcción cultural del sujeto, no solamente individual sino colectivo, se
planteó a partir de una contradicción interna
que era aparentemente superada por la racionalidad y por lo que en su
momento Kant denominó los principios categóricos de la Razón. Bajo este presupuesto se
proyectó, la unidad de sujeto colectivo conocido en la antigüedad como
comunidad política hacia la escisión del sujeto en Estado y sociedad civil en
el marco de un desarrollo histórico capitalista y en el terreno individual una
división entre el yo y el ello, entre la conciencia y el inconsciente.
Estos conceptos en la
actualidad tienen una trascendencia en el análisis político de las sociedades capitalistas
globalizadas, las cuales están enmarcadas dentro de una lógica de
administración total que entrelíneas dejan ver los elementos de un
totalitarismo postmoderno sustentado en la negación de la contradicción. Lo
paradójico de la administración total es que plantea de antemano el problema de
lo colectivo y lo subjetivo, que resuelven con la universalización e imposición
de valores occidentales. El sujeto entonces aun conociendo su papel en sistema
capitalista lo mantiene y simplemente crea un fetiche de consumo una fantasía
que le permita paliar el síntoma de la contradicción interna. Sin embargo, con
las nuevas tecnologías de poder este individuo aun sabiendo, aun conociendo,
cada vez más está expuesto a formas sutiles de imposición ideológica que alejan
cada vez más la fuerza física para el cumplimiento de su cometido. Y en esto
los medios de comunicación juegan un papel fundamental en el inconsciente
individual y colectivo.
[1] Para el análisis del concepto de sujeto se
recogen los conceptos planteados por Habermas, Foucault, Althueser y Lacan.
Para el primero de ello el sujeto se entiende a partir de la ética de la comunicación, la versión filosófica del lenguaje del
antiguo sujeto de la reflexión trascendental. Para Foucault radica en la
estetización de la ética, cada sujeto ha de construir su propio modo de
autodominio y armonizar los antagonismos de su interior. Para Althuser el
sujeto como tal se constituye por medio de un reconocimiento falso: el proceso
de interpretación ideológica por medio del cual el sujeto se reconoce como el destinatario del llamamiento de
la causa ideológica implica
necesariamente un cortocircuito…En contraste con esta ética de la enajenación
en lo simbólico, podríamos designar a la ética que implica el psicoanálisis
lacaniano como la de la separación. Ver
introducción. p. 24-25
[2] El sueño esta compuesto por tres
partes: El texto
del sueño manifiesto, el contenido del sueño latente y el deseo inconsciente
articulado al sueño.
[3] La dialéctica
Hegeliana lejos de ser una historia de superación progresiva, es una anotación
sistemática del fracaso de la solución final. El conocimiento absoluto denota
una posición subjetiva que finalmente acepta la contradicción como condición
interna de toda identidad. ver p. 29.
[4] Para el marxismo el
interés de una clase se disfraza universal y eterno de la condición humana y la
meta de la critica de la ideología es denunciar esta falsa universalidad, detectar
tras el hombre en general al individuo burgués, tras los derechos universales
del hombre la forma que hace posible la explotación capitalista, tras la
familia nuclear la forma limitada de relación
[5] Las relaciones
sociales cruciales las de producción ya nos son inmediatamente transparentes en
la forma de las relaciones interpersonales de dominio y esclavitud (Amo y sus
siervos) sino que se disfrazan – para valernos de la precisa fórmula de Marx-
“bajo la forma de relaciones sociales entre cosas, entre los productos de
trabajo” P. 53.
[6] En el marxismo, un fetiche oculta la red positiva de relaciones sociales
en tanto que para Freud, un fetiche oculta la falta (castración) en torno a la
cual se articula la red simbólica. 81
[7] En
el prefacio realizado por Ernesto Laclau. Se explican dos corrientes que en el
análisis político conviene tener en cuenta para entender el concepto de sujeto.
Los descriptivistas y los anti descriptivistas. “La
contienda entre descriptivistas y antidescriptivistas gira en torno a la
pregunta de cómo los nombres se refieren a los objetos. Según los
descriptivistas el vínculo es el resultado del significado de un nombre, es
decir, cada nombre implica un cúmulo de rasgos descriptivos y se refiere a
aquellos objetos en el mundo real que exhiben esos rasgos. Para los
antidescriptivistas por otra parte, el nombre se refiere al objeto por
medio de lo que ellos llaman un “bautismo primigenio, en el que el nombre sigue
refriéndose a ese objeto aun cuando todos los rasgos descriptivos del objeto en el momento de su bautismo hayan
desaparecido. Al igual que yo Zizek está del lado de los antidescriptivistas”. (p.16)
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